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November 13, 2009

8

Yoko Tsuno, tomos cinco y seis. Mensaje para la eternidad y Los tres soles de Vinéa.

Tomo cinco. Mensaje para la eternidad. (Message pour l'éternité, 1974). Aventuras terrestres dos.

Hablar de este álbum con frialdad me resulta imposible. Fue el álbum incluido en el primer número de los Especiales quincenales de Spirou Ardilla. Y si ya me gustaba Yoko Tsuno, con esta aventura me rendí. Es tan buena que no deja de sorprenderme lo bien diseñada y pensada que está.

Todo parte de un encargo del Gobierno Británico (bueno, los servicios secretos, pero da igual) para que se encargue Yoko de una misión de rescate de documentos secretos en un punto intermedio entre la frontera Chino-Soviética-Afgana (ahí es nada).

Dichos documentos están en un avión (un Handley-Page Heracles) que cayó cuarenta años atrás (el 17 de noviembre de 1933, una broma del autor, al ser el día de su nacimiento) en un cráter muy peculiar, más lunar o marciano que otra cosa. Una operación de alto riesgo que oculta una misión de espionaje en territorio por entonces "enemigo".

Yoko, Vic y Pol se muestran reticentes, como no puede ser menos, pero cuando ven el enorme despliegue de dispositivos y lo apasionante de la misión, más si cabe con una señal de socorro que no ha dejado de emitir todos esos años.

Muchos interrogantes se plantean. Por un lado, una imagen de satélite muestra una enorme sima en el interior que recorre como un diámetro al cráter. Y en su borde se puede ver lo que parece el avión (magistralmente dibujado por Leloup). Por otro lado, ¿qué energía es capaz de mandar el mensaje durante tanto tiempo? Luego descubriremos que está grabado a perpetuidad.

Lo mejor de todo es que si la historia ya es de por sí apasionante, hay un malo malísimo que es magnífico y temible. Stevens, el piloto al que se le iba a encomendar la misión en primer término es retirado de la misma para poner a Yoko en su lugar. Y Stevens es muy rencoroso. Muchísimo.

Tanto que antes de saber Yoko nada sufre un par de atentados (una bala le pasa rozando y están a punto de sufrir un accidente cuando les ataca otro vehículo que se despeña).

Yoko prueba un simulador fantástico y con la lección aprendida va a pilotar un prototipo de un nuevo ultraligero que se engancha al estilo de los Transbordadores que iban a lanzar al espacio los de la NASA. Como el transbordador de la de Superman Returns. Solo que Leloup se les adelantó en cuatro décadas.

Los pilotos van a ser Vic y Pol, unos chicos que igual valen para un roto que para un descosido y que, entre muchos otros carnets, tienen el de pilotos de avión a reacción. Un poco difícil de creer. No importa, que nos despistamos de la trama.

Cuando llega al cráter, descubre cosas muy curiosas, como una piedra que tiene pinta extraña (un monolito machacado y calcinado por los rayos), un montón de tumbas pequeñitas y al final de todo el paseo… a Stevens.

Así de malo es el hombre que se ha plantado el solito en el cráter. Pronto resuelven el misterio de las tumbas. Son de babuinos.

Los babuinos reducen a Stevens y Yoko descubre que los animales están viviendo con el piloto del avión (Smith), que ha enloquecido. Una dramática situación que se vuelve trágica cuando Stevens es ofrecido a los dioses del cañón (que no son otros que los rayos de la tormenta atraídos por una potentísima fuente magnética natural procedente de un meteorito lo que ha grabado el mensaje de socorro del avión como si fuese una cinta magnética, emitiéndolo para siempre). Una tormenta eléctrica hiere gravemente al piloto. Stevens fallece antes, haciendo una de sus maldades y cogido por sorpresa por el rayo.

Cuando la situación del anciano piloto se complica, Yoko decide salir en busca de ayuda. Realiza copia de los documentos con un microfilm y une las telas que encuentra dentro del avión para hacer un globo aerostático con el que salir del cráter. Al poco es rescatada por Vic y Pol.

Dos meses más tarde (el piloto ha sido rescatado antes) vuelven con un avión ruso y le incorporan al viejo avión un motor a reacción para poder sacarlo del cráter.

Esta es la historia, pero la emoción sigue. Es uno de los mejores recuerdos que tengo de la infancia y la principal razón para ser un fan incondicional de la obra de Leloup. Es una historia que no engarza con nada más. Un magnífico comienzo para cualquier lector que quiera hacer un primer acercamiento a Yoko Tsuno.

Tomo seis. Los tres soles de Vinéa. (Les 3 soleils du Vinéa, 1975). Vinéa tres.

Yoko, Vic y Pol están en el campo, tomando un tentempié cuando Khâny y Vinka, un compañero vineano, les cuentan que los vineanos les proponen que les acompañen a Saturno para enseñarles la base que ha llegado hasta allí y que les va a permitir volver a Vinéa. Porque el transporte no lo han hecho los vineanos terrestres, sino los propios vineanos. Debe seguir existiendo el planeta. No lo a engullido el doble sol.

Aquí me vienen a la cabeza muchos clásicos de los cómics, como Supermán y Kripton. ¿Y si aún existiese Kripton? En este caso os lo adelanto, aún existe Vinéa. Visualmente me recuerda el sistema de transporte a un tubo con cápsulas de correo, de esos que funcionan con aire a presión. Lo curioso es el conducto. Si os digo la verdad, no sé cómo funciona, por mucho que lo leo. Es como un haz de luz negra en el que es posible viajar más rápido que la luz. No soy físico y me pierdo, pero no creo que fuese viable. Aún así, es una idea muy chula.
Metidos en sus cápsulas, los vineanos y los terrícolas llegan a Vinéa. La amenaza de los soles ha pasado. Ambas estrellas están separadas. La avanzadilla se anima a visitar el planeta tras un período de reparaciones y desescombro de la base gemela a la de Saturno, esta en el propio espacio de Vinéa.

Tras cerciorarse de la salubridad de la atmósfera, una nave de nuestros amigos viaja Vinéa. En la superficie dan con un curioso muro energético que les impide avanzar.

Al no ser posible el vuelo, toman tierra y descubren una ciudad pegada a una enorme fábrica. Los vineanos que sobrevivieron están en un periodo similar a lo que sería la Edad Media terrestre. Algunos recuerdan algo de un Vinéa avanzado, pero lo que les queda es la semiesclavitud a la que se ven sometidos por el Guía Supremo en el planeta que ha renombrado como Renovación.

Yoko y Khâny vuelven al avión y se dirigen al lugar donde les han dicho que está ese Guía Supremo. Unas cuantas peripecias les llevan a estar frente a un enorme ordenador (más refinado que el ordenador gigantesco del primer tomo) cuya CPU es un cerebro vineano.

Al principio el ordenador trata de convencerles de sus virtudes, pero Yoko y Khâny desconfían. En ese punto, el Guía Supremo quiere eliminarlas. Nuestras amigas consiguen salir al exterior justo a tiempo de que los chicos las recaten (y os aseguro que no tiene nada de machista esta situación, porque las heroínas y las que han tenido que hacer todo el trabajo sucio).

El ordenador central es destruido, con lo que los otros robots quedan libres. Descubrimos que uno de ellos es el padre de Khâny y Poky. Mucho me viene a la cabeza la Saga de los Aznar en sus primeras aventuras y los nahumitas. Parece ser que esta versión robotizada del padre de las vineanas proviene de la extraña sensación que le produjo a Leloup escuchar la voz de su abuelo cuando este hacía tiempo que había fallecido. Era como si la voz estuviese ahí cuando la persona ya no. Algo parecido a lo que debió sentir Khâny con este robot que tiene el cerebro de su padre. Interesantísima situación desde un punto de vista moral.

Cuando ya todo está resuelto, quedan dos frentes. El primero es dotar de energía a Vinéa. La conjunción de los tres soles devuelve la fuente de energía al planeta. Por otro lado, hay indicios de una nevera de vineanos.

El viaje termina con el descubrimiento de un montón de celdas de criogenización con los vineanos que se quedaron. Entre todos ellos está también la madre de Khâny. Otra paradoja. Como ha estado criogenizada, la madre y la hija mayor tienen sus respectivos cuerpos con la misma edad física. En fin, más cuestiones para la reflexión.

Todo resuelto. Y Yoko se da cuenta de las posibilidades de explorar planetas remotos.

Para más información, os invito a visitar la página de Kaximpo y la página oficial.

8 comments:

Kaximpo said...

"Mensaje pera la eternidad" no la leí en el Spirou, la leí ya de "mayor" pero me gustó igual. Lo interesante es toda la preparación de la misión y el entrenamiento con el simulador. Siempre me parece que las historietas de yoko Tsuno son más modernas de lo que son en realidad, es cierto que se adelanta a su tiempo. Ésta pensaría que es de mediados de los 80 y sin embargo es de ¡1974! O_O La sociedad de simios que se ha desarrollado con el piloto también tiene su interés e inquietante es el mensaje de ayuda que se va a seguir transmitiendo por toda la eternidad (exagero). Pero también hay aspectos del guión que no me gustan o no me terminan de convencer como lo de que Stevens sea tan, tan, tan malo y Yoko tan, tan, tan buena y tan lista que consigue salir del cráter en un par de días mientras que el piloto no lo ha logrado durante años. Creo recordar que el propio piloto dice que las telas "las habrán robado los monos de caravanas que pasan por el desierto". ¿Los monos pueden entrar y salir del cráter y el piloto no?

"Los 3 soles de Vinea" puede que sea mi preferida de la serie. Lo de viajar más deprisa que la luz no se justifica diciendo que viajan por un tubo oscuro al que no se permita pasar la luz sino a través de un túnel donde NO EXISTE la luz ni por tanto esa cota máxima para la velocidad. No creo que sea posible y la idea me recuerda al chiste de hacer un viaje espacial al sol ("a ver si os creéis que vamos a ir de día") pero bueno, nos lo creeremos. :P Sobre todo lo que me convence es que no puedes ir a donde te de la gana mediante ese medio de transporte, antes tienes que construir el túnel "como una araña va tendiendo su hilo" y eso hicieron los vineanos al llegar a la tierra a velocidad sublumínica. Quizá Leloup se pasó un poco al situar el origen de los vineanos en otra galaxia (¡2 millones de años luz son 2 millones de años viajando a la velocidad de la luz!) lo que impedía la posibilidad de volver, al menos con la misma tecnología, pero lo resuelve bien inventando este truco de manera que Yoko pueda ir y volver a Vinea "en tiempo real".

Toda la exploración del planeta es muy interesante y también toda esa tecnología para "grabar" las mentes de los sabios de Vinea en dispositivos electrónicos. Siempre me da la impresión de que Leloup construye un guión más largo y complejo de lo que puede dar de sí un álbum de 44 páginas con lo que hay cuestiones que tiene que resumir y no puede tratarlas en profundidad. ¿Cómo se van a integrar los vineanos que han vuelto con los que no se fueron y siguieron viviendo en Vinea? ¿Su civilización se ha quedado estancada o aun peor, ha involucionado durante dos millones de años?

Valentín VN said...

Tu apreciación de que muchas historias no caben en cuarenta y cuatro páginas es cierto. Las incongruencias de guión son pocas y no impiden ir más allá para poder disfrutar de la aventura.

Lo de Stevens es cierto, se pasa un poco. Y Yoko es aún un personaje que debe desarrollarse más en los próximos álbumes.

Lo de la luz, yo lo vi como un tunel y me quedé con el asunto. Como sea, me parece que patina muchísimo. No me importa. En realidad no es ni de lejos lo importante. Era necesario darle un lugar a los vineanos de la categoría y la magnitud que les correspondía. Y también a la correspondencia que recibió la revista Spirou, exigiendo más y más vienanos.

blogcarlesquintana said...

En respuesta a Kaximpo, piensa que los simios son mucho más ágiles que un ser humano y dan saltos que solo Tarzan podría igualar. El superviviente intentó imitarles. Pero resbaló y de la caida se quedó con la cojera esa.

Valentín VN said...

Un punto muy interesante en tu disgresión, Feslade. La razón de que Smith, el piloto, no se encontrase en disposición de salir del cráter era esa cojera persistente, que le hacía un domador pobre frente a los simios.

Kaximpo said...

Puede ser una explicación. Siempre me quedo con la impresión de que Leloup tiene el guión absolutamente controlado, sin dejar huecos, pero a la hora de plasmarlo en sólo 44 páginas tiene que resumir y dejar algún detalle fuera o incluso alguna subtrama o escena completa.

Valentín VN said...

Ese número de páginas es una limitación, sin duda. Pero creo que es algo que dominó tras unos primeros intentos más que acertados. En los próximos álbumes, veremos que le pasa menos.

Kaximpo said...

Una foto que acabo de encontrar de una maqueta del cráter y el avión. Hay un puntito pequeño naranja que supongo que será Yoko:
aquí

Valentín VN said...

¡Qué genial!
¡Lo que se lo curra la gente!
Muchas gracias por el enlace, Kaximpo.

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