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July 26, 2008

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Topolino 1976


Vigésimo segunda historia. “Tunel en el espacio”.
Primera aparición: Mortadelo Especial Ciencia Ficción nº 5. Cuatro páginas.
Si el dibujo de la anterior historia (Niebla mortal) era excepcional, Figueras desarrolla al máximo todo su talento creativo para crear unas páginas sublimes. El dominio de todos los elementos es patente viñeta a viñeta. Se inserta la onomatopeya como elemento gráfico, las naves resaltan sobre el fondo naturista como si siempre hubieran estado ahí y los contrastes entre claroscuros y línea dan un peso a la acción de tal manera que se lee con el ritmo adecuado (vertiginoso, diría yo), destacando la maestría de Figueras para controlar todo de manera que el lector no tenga que sufrir el esfuerzo de seguir una historia que otros hubieran convertido en un voluminoso tomo recopilatorio.
Vayamos a la historia. Topolino es sorprendido por un huracán provocado por el Doctor Siniestro. Nuestro héroe se acerca a la máquina donde se producen los huracanes (que recuerda muchísimo al Sputnik, al ser una bola con antenas). El problema es que se pasan de poner “lámparas” en la máquina y en realidad abren una puerta a la cuarta dimensión. Lo que pasa es que han creado un tunel al siglo XXI (pues ahora no hay naves espaciales sobrevolando las calles ni la gente se viste como Buck Roggers, pero bueno, aún faltaba un cuarto de siglo para el cambio de milenio). Me encanta el comentario de Rogelio, el secuaz del Doctor Siniestro (si no es él me da igual, porque es mi secuaz favorito), en el que dice que han abierto “una ventana a lo ignoto”. (Será por esto por lo que existen los premios Ignotus… lo dudo).
De esa puerta al futuro surge un Zot (espero que no tenga problemas con el personaje de Scott McCloud del mismo nombre) que es una versión con arma de aquel monstruo de Forbidden Planet que sólo era energía y que para verlo había que generar un campo de fuerza extremadamente poderoso.
Para rescatar a Topolino, Colodión pone de nuevo en funcionamiento la máquina, al tiempo que usa el extintor para cargarse a un ser hecho de energía (Topolino vence a los malos de turno con gafas de sol o con pinzas para tender la ropa, ¿por qué no iba a hacer algo similar Colodión?). De la nueva puerta surge el nieto de Colodión montado en una nave espacial muy chula. Todo se resuelve con unos pocos mamporros y Colodión Tercero se queda en la Tierra de 1976. Otro lío temporal creado por Figueras. En fin. La aventura no emplea la parte humorística de Adolfo, pero da igual. Es de lo mejor de Topolino.

Vigésimo tercera historia. “El diablo del desierto”.
Primera aparición: Mortadelo Especial Oeste nº 7. Cuatro páginas.
Seguimos con los Especiales de Mortadelo. Esta vez toca Oeste y vaqueros. El campo ya lo tenemos (la Quebrada del Buitre). Hay que ver cómo lo resuelve Figueras para que no quede ridículo con el personaje. Para esta aventura cuenta con todos los tópicos de los seriales de cine basados en aventuras de vaqueros, citando a Tom Mix, John Fanfayne y Pete Rice. Hay duelos con pistolas y piedras que oportunamente caen sobre la cabeza de los forajidos.
El malo malísimo es Kuhn Zivan, al que veremos de nuevo en otra aventura de este año. Gracias al típico anciano del oeste (dibujado al estilo de los abueletes de Li’l Abner) nos enteramos que está montando el villano una serie de conductos para acabar con los recursos de la zona (mientras los héroes del Oeste se comen las gambas al ajillo que les sirven en las tascas de Almería, en clara referencia al tremendo éxito del Spaghetti Western).
La cosa es fastidiar a todo el mundo, inundando las minas y secando los mares. Y de paso, darle cañita brava a Figueras y a toda la redacción de Mortadelo. Un guiño gracioso para sus compañeros de oficio. Al final Colodión es un héroe valiente y destroza todas las tuberías con un Topo Mecánico (ya vimos ese vehículo que viaja bajo tierra en otra aventura).
No puedo dejar de compartir con vosotros la última intervención de Topolino, nadando con Colodión, en esta aventura: “Primero “Poseidón”, después “el Coloso en llamas” y “Terremoto”, después “Tiburón” y ahora lo más increíble “el Oeste sumergido”. ¡De Khun Zivan todo puede esperarse!”. ¡Toma colección de películas catastrofistas!
Vigésimo cuarta historia. “Bofetones embrujados”.
Primera aparición: Mortadelo Especial Terror nº 8. Cuatro páginas.
¡Lo hemos descubierto! El Doctor X es en realidad Khun Zivan. O al menos se le parece mucho. ¡Qué hallazgo!
Para compensar la ausencia de Adolfo y sus compañeros, el cuerpo de gendarmes protagoniza la primera mitad de la historia. Una extraña y triste melodía, salida de un organillo a manivela hace que unos guantes diabólicos abofeteen a diestro y siniestro a todo aquel que se encuentre en su camino. (Por cierto, la piedra en forma de calavera donde se encuentra Topolino, ¿no os recuerda a la isla de la aventura del Supergrupo de Superlópez?).
Bueno, todo se soluciona con el cambio de melodía. En este caso, la sintonía de “Heidi”, tan popular como serial de dibujos animados en la época en la que esta historieta fue creada. Bueno, no es una de las historias más brillantes de Topolino, pero no está mal.
Vigésimo quinta historia. “El tren fantasma”.
Primera aparición: Mortadelo Gigante nº 7. Cuatro páginas.
Basada en una película, en la que el tren fantasma era un avión, cambiado aquí por un moderno autogiro.
Esta es una de las mejores historietas de Topolino. Genial el dibujo del tren (me encantan los raíles y los tablones, levemente sugeridos). Comienza con un robo de tren. Como vemos a los secuaces del Doctor Siniestro, nos suponemos que algo huele raro en este asunto del tren fantasma. Con una simple luz, los maquinistas creen estar frente a un tren que viene a toda velocidad en dirección contraria a la de su máquina. Lo que roban es ni más ni menos que “pepinita”. ¿Mande? Parece que vale para muchas cosas (incluida la creación, por parte de Aspirino, de carne de langosta artificial, sana y digestiva). El Doctor Siniestro es más pérfido aún; pretende fabricar una superbomba.
La policía se monta en el siguiente convoy, pero el gas soporífero hace su efecto y los tumba. Tampoco se llevan nada los malhechores, porque el tren se ha cargado previamente con arroz. Topolino y Colodión entran en acción y descubren el mini helicóptero, que se precipita contra un contenedor de agua y allí acaban las fechorías del tren fantasma. Recuerda mucho a los seriales en los que aparecían trenes, ya que se emplea el mismo decorado una y otra vez, para economizar y para aprovechar aquello en lo que ya se ha hecho un desembolso considerable.
Vigésimo sexta historia. “Fantasmas en el Cielo”.
Primera aparición: Mortadelo Gigante nº 8. Cuatro páginas.
Un fantasma gigante, tamaño Godzilla asusta a la ciudad. Adolfo le recomienda a Topolino que se “luzca”, es decir; que haga su trabajo (el de Adolfo, claro). Topolino se pone un nuevo Jetpack, invención de Colodión, y con su traje superheroico se avalanza contra el fantasma. En su trayectoria se cruza con unos disparos dirigidos hacia él. Misterio misterioso.
Un segundo vuelo y nos encontramos con dos secuaces de Khun Zivan (parece que el Doctor Siniestro ha sido eclipsado por el nuevo malo, ¡qué pena!) disparando a Topolino y unos altavoces que reproducen la voz del fantasma. Esta vez sí que derriban a Topolino que cae sobre el mar. Casualidades de la vida: ¡un submarino bajo nuestro héroe!
Con una artimaña típica de Topolino (clausurar la trampilla desde la que se lanzan los falsos fantasmas hinchables, otra vez las bolas tipo El Prisionero), se desbarata el plan de aterrorizar a la población. Al final, Topolino sospecha que no será la última vez que se enfrente al maligno villano.
La historia es graciosa, pero sin el gancho de otras anteriores.

Vigésimo séptima historia. “Khun Zivan el Terrible”.
Primera aparición: Mortadelo Gigante nº 9. Cuatro páginas.

Este villano creado por Canellas Casals es adoptado por su nuevo padre. Figueras trata de dotar de un halo de misticismo y poder a su versión del personaje y por ello arranca la historia con una representación de él al estilo de la Esfinge de Gizéh o de las imponentes figuras de Abú Simbel (por cierto, maravilloso videojuego de nuestras micro-consolas de finales de los ochenta, ZX Spectrum, MSX, Amstrad…). Una plaga de cangrejos gigantes (como perritos de grandes, la verdad) ha invadido el campo. Colodión y Adolfo se zafan de algunos que les están atacando. Un plaguicida se encarga de los animales que han salido fuera, pero Topolino sospecha que hay un vivero bajo la superficie. Y buscándolo se topa con Khun Zivan. Topolino aún no sabe quién es el villano y lo confunde con un sicario del Doctor Siniestro (nuestro añorado Doctor Siniestro). La batalla se mantiene por los aires, acabando con los planes del Terrible villano. Topolino es dado por muerto, (“el último héroe”, es llorado por el jefe de policía), pero no es así. En la última viñeta comprobamos que tenemos Topolino (y Khun Zivan) para rato. ¡Bien!
Vigésimo octava historia. “El pirata del Cosmos”.
Primera aparición: Mortadelo Gigante nº 10. Cuatro páginas.

Topolino cambia su indumentaria. Le vemos más veraniego, cosa que ocurrirá en aventuras posteriores. Recuerda un viejo traje para jugar al tenis.
El título es más elocuente de lo que debiera, porque revela la razón última de la historia. Hay frente a la bahía un aparato muy raro. Es como un contenedor con patas y antenas (la pista Cosmos) y la energía se agota y deja de funcionar a su alrededor (pista piratas). Pues bién, comienzan Topolino y Colodión pescando y dando con el misterio, continúan los gendarmes y al final, como siempre, Topolino se carga la máquina y el extraño extraterrestre, que habla el idioma de Gu-Gu (ideado por Vázquez, si no recuerdo mal), tiene que poner pies en Polvorosa. Por aquello del qué dirán.

Vigésimo novena historia. “La máquina infernal”.
Primera aparición: Mortadelo Gigante nº 13. Cuatro páginas.

En esta aventura se arrojan bolas de nieve, que no ladrillos, pero el efecto es el mismo. Lo siento, maestro Figueras, pero yo sí que veo cierta similitud entre su personaje y Krazy.
Khun Zivan ha creado una máquina de hacer frío, con el fin de fastidiar a la humanidad. Cosas del destino que sus secuaces se dediquen a fastidiar a Topolino y los suyos, tirándoles bolas de nieve y vestidos de muñegotes de nieve. Por esta razón, Topolino se pone tras la pista y da con la máquina. Entre todos la destrozan y Khun Zivan no hace nada por impedirlo.

Trigésima historia. “Drácula y Cia”.
Primera aparición: Mortadelo Especial Vampiros 1976. Cuatro páginas.
Esta es una de mis historias favoritas de Topolino. Es también una de las más atípicas, por no contar con planes del Doctor Siniestro ni de Khun Zivan para hacernos la vida más difícil al común de los mortales (como si no hubiese ya suficientes problemas). Nuestro Último Héroe viaja a Transilvania y Figueras aprovecha para recrear una ambientación al estilo de las viejas y maravillosas películas de la Universal. Colodión es metido con calzador para que no tenga que vivir la aventura Topolino solo y allí nos encontramos con Drácula, Frankenstein, la Momia (la que se supone que daba miedo, no la de ahora), y un caimán-cocodrilo que casi da más miedo que los otros personajes. Drácula no consigue morder a nuestros protagonistas porque se cubren el cuello y las extremidades con piezas de hierro, cosa que acaba con la dentadura del vampiro. Otra solución de coña para los problemas a los que se enfrenta Topolino. Podía haber optado también, pienso yo, por la sopa de ajo, letal para este tipo de vampiros poco informados (si leyesen Vampiro La Mascarada, otro gallo les cantaría).
Por cierto, una última curiosidad. ¿Sabíais que mientras rodaban la película original de Drácula por la noche, por la mañana estaban con una versión en castellano de la misma, aprovechando los mismos decorados? Y, ¿sabéis que las malas lenguas dicen que es mejor esta versión que la de Lugosi? Podéis comprobarlo si adquirís la versión especial de Drácula (esa que viene con una caja verde) en la que podemos ver todas las secuelas de la película original y la versión para el público hispano de Los Ángeles. Además, creo que cuesta poco más de quince euros. Todo un chollo.

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July 25, 2008

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PURPLE RAIN ¿Prince?... ¡Nah! ¡Dream Theatre!

I would like that this post could be a common post in my Blog. A post about this great song, about how it influences me and how Prince is a Creative Force I was so close. I love his songs and I have almost every CD he released with Warner, Himself and Universal.

I would like to add an embed from YouTube to share with all of you this wonderful song and them add the Lyrics. Just as a Fan of Prince’s Work. But I cannot.

Looking for this song in YouTube (I have the tape, the CD, The first DVD and the Anniversary DVD) all I could find was a silent version of the part of the Movie where he sang the song and a few weeks ago NOTHING.

I am sorry to say that I am disappointed. I understand that people should not steal the work of an artist, but this is YouTube. Here we watch the videos as Fans do. This is like watching it on TV. No Quality, only information. No money making and no stealing. That’s what I think and that’s the reason I add embeds from YouTube to my Blog.

I would like to say how much an influence in my own work and in my songs is Prince. But I cannot share it with you.

So, after so much crying and complaining, I must say that I found in YouTube a Next-Best-Thing. A version of this lovely song played by one of my favourite bands: DREAM THEATRE. So, enjoy the ride. There is so much soloing that it is almost impossible not to fascinate oneself with it.


[via Soheil87]
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July 21, 2008

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Topolino 1974-1975

1974
Decimosegunda historia. “Muñecos infernales”.
Primera aparición: Super Mortadelo nº 15. Dos páginas.

¡Que tiemble Chukie! Estos muñecos son más peligrosos que una caja de bombas. Figueras usa el chiste del niño extraterrestre que se ha extraviado y crea el caos en la Tierra hasta que lo encuentran sus padres. En otras versiones, se lleva una buena reprimenda, pero aquí sus padres se conforman con recobrarlo. Se hace ya recurrente el chiste de Topolino y Adolfo. El primero se encuentra con la amenaza y el segundo no acierta a verla. Con esto se va incrementando el mosqueo del agente de la autoridad y se afirma su papel en la serie.
Topolino piensa que el extraterrestre es un muñeco de pinocho, del que tuvimos en España un excelente colección antes de la Guerra Civil, pero a mí me recuerda al Hombre de Hojalata de el Mago de Oz.

Decimotercera historia. “El cangrejo de acero”.
Primera aparición: Super Mortadelo nº 28. Dos páginas.

Vuelve el Doctor Siniestro a la Serie con un malvado Bruto Mecánico con forma de Cangrejo. Es curioso que Figueras opte por presentarlo con capucha, cuando ha creado un icono fácilmente reconocible de su malo más entrañable. En fin. La cosa es crear un submarino para transportar un alijo, al estilo del Submarino que han interceptado en Mexico hace pocos días. Al final, con un simple palo, Topolino destroza las máquinas, que más que útiles, parecen tener el botón de autodestrucción demasiado a mano. Al final hace Figueras un chiste que recuerda mucho a Krazy Kat. Parece mentira que diga que no hay relación entre las series. Algo, sí, Señor Figueras. Por cierto el amigo de Adolfo me recuerda a un personaje que no soy capaz de nombrar de las tiras de periódico americanas. Hay varios que se le parecen. Uno de ellos es el padre de Olivia, la de Popeye y otro es un sureño campestre, siempre armado con su escopeta. No recuerdo si estaba en la serie de Li’l Abner.


Decimocuarta historia. “Cohetes piratas”.
Primera aparición: Super Mortadelo nº 30. Dos páginas.

Los jetpacks no son sólo de Boba Fett, no señor. Los secuaces del Doctor Siniestro (uno se llama Rogelio, no lo olvidemos) roban una valija (una cartera, para ser exacto) a Topolino. Se supone que lleva una fórmula muy importante de Colodión, pero es sólo una bomba fétida para evitar a los que leen el periódico por encima del hombro (cosa que hago con mucha asiduidad, por lo que debo tener cuidado, no dé con un amigo de Colodión). Al final todo se resuelve con dos varas y unos buenos palos. Me encanta la viñeta en la que se caracteriza al Doctor Siniestro con una capucha. Es impresionante ver cómo aprovecha Figueras las posibilidades de mezclar dibujo humorístico y caricaturesco con el realista. Al final, ¿cómo no? Otro periodo en Chirona de Topolino y Colodión.

1975
Decimoquinta historia. “Operación Babel”.
Primera aparición: Super Mortadelo nº 34. Dos páginas.
Otro clásico de la Ciencia Ficción. ¿Qué pasaría si se desatase el Efecto Babel? Pues, según Figueras, nos volveríamos poetas en diversos idiomas. Muy agudo. La campana empleada por el Doctor Siniestro, más que moderna, es un trasto que a modo de cubilete para dados nos hace un cambio en el cerebro tipo telepático. La idea de que metiendo a alguien en un contenedor podemos hacer con él lo que queramos es antigua, desde los monstruos de los cincuenta al tanque médico de Luke Skywalker al contenedor donde se encuentran a Abe Sapiens de la serie de Hellboy. La verdad es que funciona bien, no como el cono del silencio del Superagente 86. El chiste del final es curioso. Si no hacía falta conectar ningún cerebro para que hablasen en otros idiomas, ¿por qué conectan a un pato al final de la cadena? Claro, así hablan todos como patos. Otro clásico.
Decimosexta historia. “Las burbujas plásticas”.
Primera aparición: Super Mortadelo nº 35. Dos páginas.

Como dice Guiral en su prólogo, las burbujas parecen provenir de la serie de Patrick MacGoohan, El Prisionero. Os aseguro que los globitos blancos terminan por dar mal rollo. Salían del mar y si hacías algo contravenido o tratabas de huír, acababan contigo. Si no habéis visto la serie, he de avisaros. Es muy psicodélica. A mí me gustó, pero porque tengo mucho aguante. Está basada en una idea del propio MacGoohan. Un agente se da de baja y sus superiores le mandan a un lugar donde “jubilan” a los agentes díscolos. El objetivo de número dos es descubrir por qué dimitió. El episodio final es de traca. Pocas cosas desbarran más que esta serie. Y es muy bonita, que conste. Es increíble que antes se pudiesen hacer esas series y que se viesen en tantos países, incluso en España. Ahora no creo que la puedan poner ni siquiera como re-run en una cadena especializada en Ciencia Ficción. Hay una versión en DVD que no está mal.Volviendo a la historia de Topolino, la idea del Doctor Siniestro es deshacerse del protagonista metiéndole en un globo y haciéndole salir por la estratosfera. Por fortuna, Colodión está probando un cohete que hace impacto con la burbuja de Topolino. ¡Qué cosas más raras hace Colodión en su tiempo libre! Otros somos más normales; escribimos blogs (je, je).

Decimoséptima historia. “La niebla del olvido”.
Primera aparición: Super Mortadelo nº 38. Dos páginas.
Lo que más me fascina de esta historia son los trajes del Doctor Siniestro y sus secuaces. Esas máscaras son maravillosas. Se nota que el dibujo de Figueras tuvo su punto de inflexión este año, tal y como dice él mismo en la introducción del libro. La idea de las nieblas como elemento de misterio es tradicional desde la literatura fantástica del siglo XIX. Hay nieblas que dan miedo, como la de Stephen King, otras que te transportan a lugares extraños y desconocidos, como las de Ravenloft (Dungeons & Dragons, para los que no seáis roleros) y otras te hacen olvidar. Estas últimas son las que diseña el Doctor Siniestro, protagonista indiscutible de esta historia.
Si Topolino resuelve un caso anterior con unas gafas de sol para evitar la hipnosis, en este caso usa una pinza para tender la ropa colocada certeramente en la nariz. Así no respira la niebla del olvido. Pero, ¿no necesita respirar por la boca? ¡Qué cosas! ¿no?

Decimoctava historia. “Frankenstein 1975”.
Primera aparición: Mortadelo Extra Primavera 1975. Cuatro páginas.
Parece que a Bruguera le gustó Topolino y le debieron de pedir a Figueras historias “largas” de cuatro páginas. Sólo volvería al formato de dos páginas con la aventura “Cinemanía”. Mejor, más Topolino. Y es que Figueras es un maestro de la concisión, creando aventuras épicas en tan poco espacio.
El Doctor Siniestro, esta vez vestido de logia ocultista, ha diseñado un SuperRobot con piezas de automóvil. Topolino sufre las consecuencias de un ataque sónico con los bocinazos del monstruo y tiene que enfrentarse a una alucinación; una cabeza que dice ser la del Doctor Frankenstein.
Un Frankenstein en 1975 es como un Frankenstein en 1940 para los lectores de ahora, pero la idea era hacer un monstruo moderno, igual que con Godzilla 1984. Las fechas se quedan atrasadas siempre y lo que pretendía modernidad se queda desfasado.
Topolino consigue derrotar al monstruo dando un montón se instrucciones de tráfico contradictorias, cosa que sobrecarga el cerebro electrónico del robot.

Decimonovena historia. “La mano que aprieta”.
Primera aparición: Mortadelo Súper Terror. Cuatro páginas.

Esta historia me gusta mucho. El enemigo a batir es simplemente un brazo mecánico, pero la textura con la que le dota Figueras a ese brazo está curradísima. Es un placer ver el trabajo de tintas del maestro.
Por una vez abandonamos la campiña neutra de las anteriores aventuras (tanto de Topolino como de Aspirino y Colodión y de Cine Locuras), para adentrarnos en una ciudad pequeña e idílica, más cercana a las poblaciones de Centro Europa. Figueras comienza la aventura dando total protagonismo a Adolfo, el policía. Primero con sus jefes y compañeros en la comisaría y luego con gente de la calle, principalmente comerciantes, que están aterrados por la Mano que Aprieta.
Adolfo es derrotado por un rayo que lo deja inconsciente y Topolino toma el relevo de la acción, derrotando a la Garra y venciendo al Doctor Siniestro.
Puede que parezca extraño que el enemigo sea una sola garra, pero no está fuera de contexto en 1975. Por un lado, los monstruos marinos que aparecían en todos los lagos del planeta, emulando al de Loch Ness, fueron desenmascarados uno tras otro como ingenios mecánicos montados por comerciantes y hoteleros para conseguir un mayor número de clientes con el reclamo de poder ver al monstruo del lago de turno. Y por otro lado, estaba la maravillosa aventura de Zarpa de Acero, un villano convertido en héroe que tenía una mano mecánica y con poderes sustituyendo a una mano amputada. ¡Cómo me gustaban esas historias!
Esta aventura adolece de cierta falta de humor, incluso Topolino termina como héroe, pero las escenas de acción no tienen desperdicio. Creo que es una obra maestra del genial Figueras.

Vigésima historia. “Temblequeo”.
Primera aparición: Mortadelo Súper Terror 1975. Cuatro páginas.
Parece que tenemos nuevo monstruo, con un diablo terrible, pero es de nuevo el Doctor Siniestro Disfrazado. Le gustan más los trajes y los disfraces que a Mortadelo. Lo gracioso es la meta-historia. Colodión sabe que todo ocurre en un especial de Súper Terror, por lo que se espera cualquier cosa. Un especial de Mortadelo, ¡cómo nos cuidaban a los niños entonces!
La maldad del Doctor Siniestro se completa con un máquina para producir terremotos, y todos sabemos que el terremoto provoca una de las fobias más acusadas que existen. Muy bien pensado, aunque no sea una de las mejores historias de Topolino.

Vigésimo primera historia. “Niebla Mortal”.
Primera aparición: Mortadelo Gigante Vacaciones 1975. Cuatro páginas.
¡Qué placer me produce volver a leer esta historia! Como dije en una entrada anterior, mi primera vez de Topolino y mi primera vez de Superlópez coincidieron en el número Gigante de Vacaciones, con un Tsunami enorme en el portada y un volumen de más de cien páginas encuadernado sin grapa. Una joya de la literatura comiquil. Y además, estaba en la playa. ¡Qué suerte!
La historia es buena, aunque es probable que no pueda verla con perspectiva. Por eso me limitaré al comentario.
Topolino pasea por la playa, maravillosamente dibujada y descubre por azar un conducto. Los sicarios del Doctor Siniestro le arrojan una piedra tamaño Seiscientos, por lo que ya estamos todos bajo la sospecha de que algo se cuece en aquellos lares. Topolino se tira al mar y da con nuevas tuberías. Los malos van vestidos de hombres rana, traje que me parece chulísimo y que Figueras dibuja con detalle.
Siguiendo la pista, Topolino se da de bruces con un Cangrejo gigante, digno rival de King Kong, como él mismo dice y lo esquiva de milagro. Descubrimos que el plan del Doctor Siniestro es hacer una niebla tan densa que haga naufragar a los barcos que viajan cerca de la costa, suponemos para hacerse luego con el cargamento. Mientras el Doctor Siniestro se regodea de su invento, que está a punto de hundir a un barco, Topolino huye del Cangrejo mecánico, metiéndose por entre las tuberías y las chimeneas y destruyendo todo a su paso. Una vez más el crear demasiados monstruos y máquinas puede llevar a un villano a la derrota por su propia mano. En fin.

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July 18, 2008

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LUCAS is my Hero

Lucas, siete de julio de 2008. Cuatro kilos.
¡Bienvenido a casa, hijo!
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July 06, 2008

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TOPOLINO 1972

Empiezo la serie de entradas dedicadas a Topolino. Como criterio de selección para el orden de las historias comentadas, me remito a la última página del libro de Astiberri. Mirando el número de Super Mortadelo en el que fueron incluidas, la fecha de 1972 parece errónea. No sé cuál es el motivo de esta ordenación, porque en este año hay historias aparecidas en el Almanaque de 1974 (que supongo fue editado en 1973). Pienso que la razón de la fecha de 1972 hace referencia a cuándo fueron creadas las historias y que posiblemente Bruguera las fue editando según la necesidad. En realidad me extrañaría que la editorial guardase material nuevo tanto tiempo, pero todo puede ser. Como no tengo información que corrobore esta tesis, mantengo el criterio de Astiberri. Aquí van las primeras once historias.

Primera historia. “La máquina del tiempo”.
Primera aparición: Super Mortadelo nº 3. Dos páginas.
Topolino aparece, como se ve, en la primera viñeta de su serie. No está muy definido. Es un señor bajito, con bigote y trajeado (algo incomprensible para estar en el campo leyendo un libro). Sin comerlo ni beberlo, aparece el malo de la serie, el Doctor Siniestro. La idea de la máquina del tiempo no tiene por qué referirse a H. G. Wells, porque es un clásico de la ciencia ficción. De hecho, tenemos en España el Anacronópete de Gaspar, casi una década anterior a la obra del genial escritor inglés. Es una máquina imposible, ya que para conseguir viajar en el tiempo necesitaríamos un consumo infinito de energía. Si queréis saber más sobre el asunto, os recomiendo la lectura del libro How to Build a Time Machine, en el que nos explican lo que sería necesario para construirla y hacerla funcionar.
En esta historia tenemos una de las típicas paradojas de las máquinas de viajes temporales. Empezamos con Topolino sentado en 1972. Llega el Doctor Siniestro de 1973 (por lo que hay un Doctor Siniestro de 1972 coexistiendo con su versión futura). Le da un palo a Topolino y se vuelve al futuro (tanto esfuerzo para una nimiedad de tamaño calibre). Colodión le vende una máquina del tiempo (cutre, pero funcional) a Topolino y viaja a 1973 para darle un paraguazo a su némesis, con lo que tenemos dos Topolinos existiendo al tiempo. El Doctor Siniestro vuelve (¡faltaría más, no iba a dejar las cosas sin una satisfacción!) y Topolino destruye su máquina del tiempo. En ese momento hay dos Doctores Siniestro en 1972 y ya para siempre.
Por accidente, el Doctor Siniestro de 1972 cae en la nueva máquina del tiempo de Colodión y viaja al pasado, regresando con un Tiranosaurio en la Mochila. Ya para siempre hay dos Doctores. ¡Necesitamos una Crisis en Tierras Infinitas para solucionar la Tierra Uno y la Dos y la Tres y la…!
La primera aventura de Topolino empieza sin pena ni gloria, con los personajes medio creados, pero con un potencial increíble. Obviando la historia, nos encontramos con la tradición de Figueras en los dos campos en los que se prodigó: el género paródico, mezclado con el dibujo animado (sobretodo por el timing de sus gags) y el género realista, caracterizado por el Doctor Siniestro y sus Secuaces. Aún mejoraría la unión de ambos estilos en las siguientes historias.
Por cierto, “el maldito Enano”, que es como llama el Doctor Siniestro a Topolino, me recuerda mucho al trato de Pedro Picapiedra a Pablo Mármol. Debía estar muy de moda la serie de Hannah Barbera en aquella época pre-Simpson.

Segunda historia. “Los vampiros del aire”.
Primera aparición: Super Mortadelo nº 5. Dos páginas.

En la segunda aventura de Topolino, le encontramos algo más definido en el diseño, pero no totalmente. Aún le faltan algunas páginas para ver al Topolino clásico. Por cierto, me gustaría recordaros que la idea original de Figueras era llamarle Melitón. ¡Toma ya! Con Topolino, que recuerda al caballero Topito, obra anterior de Figueras, nos ponemos en un nombre memorable, aunque ya usado, porque si buscáis por la red o sois aficionados al Fumetti, el cómic italiano, sabréis que es el nombre dado en Italia a Mickey Mouse, donde aún está muy vivo como personaje del cómic, cosa que no ocurre en Estados Unidos.
Volviendo al tema, la aventura cuenta con lo que va a ser la característica de la serie de Figueras: la mezcla entre los elementos realistas en el trazo, pero fantásticos en su origen (en este caso, un par de criminales con un artilugio a sus espaldas en forma de alas de murciélago que les permite volar) y unos personajes caricaturescos y humorísticos que viven en el mundo real. Doble paradoja para una serie de capítulos brevísimos).
Citaré al propio Figueras, tal y como aparece en el prólogo de Guiral para ver de dónde viene esta historia.
“Los vampiros del aire está basada en el folletín de Canellas Casals. Marco [editorial para la que trabajó Figueras y que publicaba algunas de las historias que nuestro autor leía en la infancia] lo que hacía era el folletín y luego si funcionaba lo adaptaba en forma de historieta. En este caso, lo dibujó Darnís”.
Topolino presencia el ataque de los vampiros al profesor Perinola para robarle unos planos. Como el propio personaje dice, esto es una fantasía “Camp”, un término muy hippie que hace referencia a lo que nosotros ahora llamaríamos frikie. Topolino persigue al Doctor Siniestro (fácilmente reconocible por su mala puntería) y llegamos a una catacumba espectacular, en medio del campo. Cuando se hacen tebeos, no hay porqué escatimar en presupuesto. Allí Topolino se encuentra con Colodión y su brazo larguísimo, que tendrá su papel en la resolución de la aventura. Me encanta la idea de Figueras de hacer metahistorieta, contando lo que el propio autor, o el lector, pensaría de cada situación (dice Topolino: “Parece fabricada para una película de dibujos animados”).
Colodión ha sido el inventor de las alas diabólicas. Cuando los acólitos del Doctor Siniestro tratan de dormirlos con un gas soporífero, Topolino se salva ¡tapándose la nariz! ¡Manda narices!
Aquí empieza el Topolino que más me gusta. Este pequeño héroe hace unas piruetas que ni los acróbatas del circo. Escapa y le quita un caballito hinchable al nieto del profesor Perinola. La espada, no sabemos de donde sale. Y así, a modo de insigne caballero andante, se enfrenta a los vampiros, quitándoles las alas mediante un certero mandoble y con la ayuda del brazo largo de Colodión.
Topolino no quiere el reconocimiento de nadie y le otorga el papel de salvador a Colodión, pero, cosas del destino, termina quedando como villano ante el oficial Adolfo, porque le da una patada al profesor desagradecido. Hay gente que ve un paralelismo entre esta serie y la de George Herriman, Krazy Kat. No hay duda de que el papel del perro policía está representado por Adolfo, pero Topolino no es Ignatz ni hay una gata Krazy. Si algo puede tener que empariente estas series es la posición de anti-héroe de Topolino y el trato que ejerce sobre él la justicia. Aunque Ignatz se merece la cárcel en más de una ocasión.
Tercera historia. “El guante diabólico”.
Primera aparición: Super Mortadelo nº 7. Dos páginas.
Volvemos al bosque de los villanos. Debajo de Topolino, se abre una trampilla que lleva a una base secreta. Los malvados han creado un guante (un Guantelete del Infinito, diría yo) que suelta rayos de “ciencia ficción”. Colodión y Adolfo aparecen para figurar de extras, porque casi no tienen papel, a parte de echar en la trampilla el guante que les va a explotar en las narices a los secuaces del Doctor Siniestro.
Los malos de esta historia son tan patanes que terminan siempre más fastidiados por sus propias acciones (cuando disparan los rayos, les caen los árboles que han cortado en la cabeza) que por las de los agentes de la ley (cuando salen por los aires por culpa de su propio guante).
Cuarta historia. “La máquina hipnótica”.
Primera aparición: Super Mortadelo nº 8. Dos páginas.

Puesta de largo del segundo villano de la serie, el Doctor X. Su atuendo de Mr. Hyde y su acento tipo extranjero a lo alemán o austriaco o ruso, hace de este villano un personaje un pelín caduco. Parece, según recuerda el propio Figueras, que este personaje se basa en otro de Canellas Casals.
Volvemos a la reflexión sobre la mitología pulp. ¿No me digáis que no se os había pasado por la cabeza que la manera de derrotar a un villano que hipnotiza a sus víctimas con la mirada (en este caso con una especie de cámara) es llevar los ojos tapados o usar unas potentes gafas de sol? Pues eso mismo es lo que hace Topolino.
Una vez hipnotizado Adolfo, Topolino y Colodión vencen, con la ayuda de un osete, al Doctor X (la tradición de las X viene de lejos, y si no que lo pregunten a Mr. X). Adolfo cae sobre el Doctor y cree haberlo vencido el solito. Pobre diablo.

Quinta historia. “Los invasores”.
Primera aparición: Super Mortadelo nº 9. Dos páginas.

La serie de televisión de “Los Invasores” era un éxito por aquella época. Si tenías el dedo meñique tieso, eras extraterrestre. Como diría Kiko al Chavo del ocho: “¡Qué cosas! ¿no?”
Esta vez sí que está clara la referencia a una obra de H. G. Wells, en concreto la Guerra de los Mundos, aunque los “Marcianos” no llevan trípodes, sino que sus máquinas son bípedas, por eso de la comodidad y tal. Colodión y Adolfo le gastan una broma a Topolino. Se hacen los hipnotizados, recordando la aventura anterior y Topolino se preocupa. Descubierta la broma, Topolino no las tiene todas consigo. Los patos no se precipitan por un barranco sin motivo. Tienen que estar sobresaltados por algo y hay que investigar. Topolino se da de bruces con un par de Marcianos invasores (la procedencia planetaria me la invento, pero creo que no estoy errado). Los invasores también tienen mirada hipnótica y le obligan a tirarse por el barranco. Armado con unas gafas de sol, se marca la meta de salvar nuevamente a la humanidad en otro Super Mortadelo y ocurre una cosa graciosa. El rayo calórico (muy acertado, porque es el arma de los Marcianos de H. G. Wells, junto con el Humo Negro) arrasa parte de una granja. Topolino llama su atención y desvían el rayo, dándose de lleno en uno en el otro. Se autodestruyen sin que nadie vea a los invasores, dejando un montón de chatarra humeante. Y en estas que aparece Adolfo y, por una vez, no acusa a Topolino de nada.
Esta es una de las historias que más me gustan. Me encantan los ingenios mecánicos y me encanta la Guerra de los Mundos.

Sexta historia. “El regreso de Ayesha”.
Primera aparición: Mortadelo Almanaque 1973. ¡Cuatro páginas!

Primera historia larga de Topolino y es tan densa y espectacular que parece toda una película de aventuras clásicas. La influencia está clarísima: la película She (La diosa del fuego en su versión en castellano), donde aparece Ayesha como un personaje alucinante. Esta película se basa en una serie de cuatro novelas de Ridder Hagard. Fue la segunda película que vi en mi vida, cuando hacían películas clásicas en aquella sesión de tarde con presentación en sillón orejero y te avisaban de lo mucho y bueno que ibas a poder contemplar en la película. No me acuerdo de cuál fue la primera que vi, sólo habría que mirar en el archivo de RTVE para saber cuál echaron la semana anterior. La recuerdo como muy emocionante y con un final en el que la protagonista se autoinmola en el fuego, que lo recuerdo aún con vivido detalle. Entonces sí que se preocupaban por los niños y no como ahora, que se creen que son tontos y no pueden ver nada traumático. ¡Con el mundo en el que les ha tocado vivir a los pobrecillos!
Volvamos con la historia. Topolino se topa con las huestes de Kalipatres, el sacerdote de Ayesha y sospecha que nuestro héroe pudiera ser “Él”. De coña. El enano… perdón ¡Topolino! se defiende como un titán, pero no puede con tanto malo. Ayesha le desprecia con desdén desde su hoguera y Topolino se las ve y se las desea para salir bien de este lance. Por si los problemas de Topolino no fuesen pocos, aparece en escena el Doctor Siniestro, tratando de sacar tajada. Salen rayos tipo ciencia ficción, zeppelines y biplanos. Al final Topolino sale por los pelos de todo el embrollo y aterriza en un lago. En la última viñeta, Adolfo le echa la bronca a Topolino por bañarse en un lugar prohibido.
Si se le dedica un tiempo a disfrutar de la obra gráfica, viñeta a viñeta nos encontramos con joyas del tebeo. Magistral, sí señor.

Séptima historia. “Trágico error”.
Primera aparición: Super Mortadelo nº 15. Dos páginas.

Una aventura con Robot gigante por medio. El Doctor Siniestro ha creado un robot a distancia que hace de las suyas en el eterno bosque de las aventuras de Topolino.
¿Cómo no? Todo el mundo se mofa de Topolino y sus aventuras, porque casi nadie ha sido testigo (¿cómo que no? ¡El lector las ha seguido!). Colodión se disfraza de robot y se cruza en el camino del monstruo de verdad. Adolfo se deja coger, creyendo que el Colodión, pero el robot es muy peligroso y el valiente de Topolino le rescata destruyendo el mando a distancia. Al final Colodión y Topolino al “Manicomio” (entonces no éramos políticamente correctos), por salvar a la humanidad. Pobrecillos.


Octava historia. “El monstruo del Lago Negro”.
Primera aparición: Super Mortadelo nº 13. Dos páginas.

Homenaje excesivamente humorístico al Monstruo del Lago Negro. Una de las peores películas de los monstruos de la Universal, pero sin lugar a dudas la más sensual y con un monstruo nuevo que ya sólo su aspecto era imponente. Espero no estropearos la sorpresa, pero tengo que decir cosas del final, así que no sigáis leyendo si no conocéis la historia y pasad a la novena (no, la sinfonía no).
Adolfo es el monstruo, que está embadurnado en lodo. Es increíble la cantidad de tropelerías que le hacen Topolino y Colodión porque creen que es un monstruo de verdad. Al final Adolfo se ceba en un mini-monstruo que resulta ser su jefe.
Como se puede ver, el homenaje queda muy lejos, aunque el chiste es bueno. Esta historia me ha recordado a aquella que complementaba a “Hotel Pánico” en Superlópez, cuando un Jaime lleno de boñiga de vaca es confundido con la cosa del pantano. Igual de hilarante.

Novena historia. “El topo de acero”.
Primera aparición: Mortadelo Extra de Verano 1973. Cuatro páginas.

Otra historia “larga” para un número especial. Topolino se encuentra por casualidad con un nuevo invento del Doctor Siniestro. Esta vez es un Topo que le sirve para viajar bajo tierra. Vamos, una tuneladora de las de ahora. Colodión y Topolino se las apañan para cerrar el paso a la máquina de mil y un maneras, terminando con un buen manguerazo.
Resulta curioso ver cómo han caído en el tópico del topo (je, je) tantos escritores de space operas. Es casi imposible viajar así sin que tarde o temprano se te hunda la galería. Aún así, es otra soberbia aventura de Topolino.

Décima historia. “La momia”.
Primera aparición: Super Mortadelo nº 23. Dos páginas.

El homenaje a este personaje clásico, también estrella de la Universal, es mucho más claro que el de la criatura del lago. El chiste está cantado desde el principio. ¿Qué es lo más llamativo de una momia? ¡sus vendas! Y, ¿qué puede pasar con vendas? Dos cosas: que te tropieces andando y que termines vendado. Pues ambas cosas ocurren.
Colodión ha inventado una máquina para regular el tráfico que es un molinillo rematado con una mano (los guantazos están asegurados). Una momia se les acerca y termina enredada con la máquina. Esta se pone en marcha y bajo el vendaje vemos una vez más al Doctor Siniestro. Por las muchas peripecias, en la última viñeta vemos a todos los personajes vendados y escayolados. ¡Qué desastre!
Undécima historia. “Melodía infernal”.
Primera aparición: Mortadelo Almanaque 1974. Cuatro páginas.
De nuevo un especial y mayor longitud de la historia. Esta es una de mis favoritas. El malo me recuerda a la Bruja Avería. Un instrumento tirado en el campo sirve como señuelo para dejar “turulatos” a Topolino, Adolfo y el Jefe. Aquí empiezan las citas inolvidables: “¡Las ondas sordas de la música moderna, acumuladas, les han dejado turulatos! ¡Abajo el Rock!”.
El trío protagonista se repone y ya sabe que hay un malo pululando por el bosque. Le buscan y dan con un lago (“el lago de los patos”, en clara alusión al de los cisnes de Chaikovsky) y caen de nuevo en la trampa. Una melodía les hace bailar sin descanso.
Dos citas más de nuestros personajes. La primera de Topolino: “Evidentemente, si uno se encuentra encima de la superficie metálica, y por un nuevo procedimiento científico, tiene que bailar música clásica, aunque no quisiera”. La segunda de Bethovin, el malo: “¡Insensato! ¿Quieres que te condene a un festival de música Rock?” Soberbio.
Topolino se da cuenta de que el arma definitiva contra este malvado malhechor (je, je) es hacer uso de la música moderna. Todo termina con el villano detenido y el alcalde bailando el garrotín sobre la pista metálica. Impresionante.

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July 04, 2008

3

Superlópez tomo cincuenta y uno / Tadeo Jones y el secreto de Toactlum


¡Vaya, qué curioso! Esta vez Superlópez tiene que intervenir en Madrid, además en una zona que conozco bien. El templo de Debod es uno de los típicos sitios que si se puede hay que visitar. Está un pelín alejado de la zona más turística, pero los madrileños lo usan mucho, porque es un parque chulo y que suelen visitar familias y amiguetes. Sobretodo parejas. Por cierto, puede que ya lo sepáis, pero es desde esta colina donde se encuentra el templo egipcio donde en 1808, el tres de mayo más concretamente, fusilaron a un montón de sublevados. La prueba de ello es el cuadro de Goya de los fusilamientos del tres de mayo. En el cuadro se ve al fondo el Palacio Real, tal y como se ve en la actualidad.
Ahora, claro está, no es un descampado. Se encuentra la calle Ferraz (mencionada en el cómic) y que es donde tiene la sede el PSOE.
Es una zona que visitamos mucho mi mujer y yo porque hay un montón de cines en versión original y solemos ir bastante. Por si os interesa, en la misma calle Ferraz, enfrente del templo hay una chocolatería que está de vicio y un poquito más arriba hay un sitio de tostas que están también buenísimas. Un último aviso. Si vais a algún concierto allí, coged sitio tres o cuatro horas antes, porque se pone hasta arriba y aparcad lejos, porque es casi imposible hacerlo.
Bueno, después de írseme tanto la pinza (que se ve que es un sitio que me gusta), voy al álbum de Superlópez.
Por fin hay una versión en tapa blanda (¡Bien!). Me lo he leído del tirón y luego lo he releído y, en fín, que no es para tanto. Me he quedado un tanto frío. Comienza en la T4, con problemas de salida y Jaime y Luisa deciden hacer un poco de turisteo por Madrid. Luisa termina secuestrada (¿cómo no?) por Al Trapone y su microbanda, que están trabajando para Refuller y este a su vez para Gililil (otro personaje como McSwine, que tiene una cabeza como para no darse cuenta de que no es humano). Gililil es un híbrido entre el Tío Gilito y Jesús Gil.
Superlópez sale pitando, sin usar la Wikipedia, como debiera hacer o sin GPS que en este caso sería lo mismo y busca el templo de Debob en Egipto. Un nuevo destino turístico para la agencia de viajes de los fans de Superlópez. La verdad es que como chiste de una página estaba bien, pero que se tire un tercio del álbum buscando por esos andurriales dónde se encuentra un templo que lleva más de treinta y cinco años por aquí, pues que parece forzado. Jan nos muestra las localizaciones espectaculares tal y como sólo el sabe mostrar, pero todo para nada. Por cierto, Jan va mejorando el dibujo de los animales, aunque sólo sea de perfil.
Mientras tanto Jan hace un retrato de la vida en las grandes ciudades. El botellón es un problema de orden público y lo representa una vez más, pero esta vez con momias de coña (aunque esos tarugos de Carapincho y Carasucia dan miedo por lo locos que están). Carapincho me recuerda a uno de los kriptonianos malísmos de la segunda de Supermán.
Para que el templo se lo lleven a freir puñetas y puedan recalificar el terreno, Gililil decide contratar a Refuller y que haga algo para acongojar a los vecinos de la zona (aunque por allí han visto cosas peores que dos tipos envueltos en vendas). Como viene siendo costumbre en los últimos álbumes de Superlópez, hay una o dos páginas dedicadas a los politiquillos del momento. Tiene su gracia, pero no mucha, porque ya de por sí son bastante de medio pelo los originales como para que las parodias sean muy distintas y novedosas.
Otra cosa es ver a Superlópez haciendo de estatua viviente (en Madrid hay mucha gente haciendo eso por la calle), acompañado por un tipo vestido de vaquero y otro de Guerrero del Antifaz. Cuando los vi la primera vez, hojeando el número, los confundí con otros personajes más cercanos y conocidos del universo Jan. A ver si coincidís conmigo. Si no te fijas mucho parecen el Capitán Hispania y Cab Hayoloco. Sí, ya se. Desbarro mucho.
Lo que sí me hizo mucha gracia, por clásico, es el gag de la página treinta y nueve, cuando Superlópez se da de bruces con los mafiosotes y salen todos pitando. Muy bueno. Además, Superlópez habla al lector, en un giro clásico muy acertado. Bravo.
Este álbum me ha recordado a Noche en el Museo, aunque en autóctono.

[vía Cachislamar ¡Gracias David!]

Otra cosa me ha parecido el álbum de Tadeo Jones. Hacía mucho tiempo que Jan no trabajaba con guión ajeno. Pero se ve que los guionistas son tan forofos de Jan como el que más y saben cuál es su registro, por lo que no hay duda de que es un acierto en toda regla.
Lo primero que hice fue ver el DVD con los cortos, para saber de qué iba la cosa, que me tenía intrigado. Y pude disfrutar del trabajo de Enrique Gato. Vi los extras y me dí cuenta de que los frikis, nacen, se hacen y como animales gregarios, se meten en unos embolaos de tres pares de narices. Sólo decir que lamento no haber podido dar el crédito del minicorto de Superlópez a Enrique Gato. Desde aquí deshago la ofensa de no haberle mencionado. Es sólo cuestión de ignorancia. Mis disculpas.
El segundo corto, el del sótano maldito (supongo que en el tercero aparecerá Sean Conery, como padre de Tadeo), tiene todo lo que cabía esperar de un consultor como Jan, que desde Mofli, no le hemos visto en la animación española. Por cierto, Tadeo se lleva a un cachorrito y le dice que duda que se pueda hacer leche de gato (por lo del apellido del director), pero tengo que decirle que los gatos, como animales mamíferos, se alimentan siendo cachorros de leche y de gata, cómo no.

Creo que han estado más finos los autores del cómic con este número que con el cincuenta y uno de Superlópez. Parece que todo iba de hallazgos arqueológicos y demás (quizá por eso de tener una nueva aventura de Indiana Jones). Tadeo es muy sosete si lo comparamos con Superlópez, que ya es un icono de la historieta española, pero no le falta gracia y tiene muchísimo futuro. Espero ver más álbumes de él. Por otro lado, Sara Sofá (vamos, que no paga royaltis por dos eses, pero que poco le falta) es tan malalechuda como Lusia, pero tiene más pintas de chica moderna que la eterna novia de Juan. Tiene tanto potencial como podría haber tenido Superlópez a comienzos de los ochenta.
El humor, sin ser la caña, es tremendamente acertado y me ha gustado muchísimo. Tengo la sensación de que si hubiese un largometraje de Tadeo Jones, este sería uno de los guiones que se barajarían. Y espero que lo haya, porque al menos tendrán vendida mi entrada (y el DVD y los cómics… ¿para qué estamos los coleccionistas?).

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July 02, 2008

2

Coleccionando Cromos

Tenía que hacer una entrada sobre una de mis mayores aficiones de la infancia: coleccionar cromos. Cuando estábamos en el recreo, en el patio del colegio, había días en los que llegaba un par de personas o tres y nos regalaban álbumes y sobres de cromos.

Todos íbamos como locos y salíamos de allí más contentos que chupillas. Con eso ya nos metían el veneno de la colección. Si la serie de cromos nos gustaba (y nos gustaba casi siempre) empezábamos la colección.

Muchas veces no venía nadie, pero nos gustaban los cromos que traían otros niños de series que ni conocíamos ni sabíamos que existían. Y otras, por puro vicio, las descubrías en el kiosco y picabas para ver cómo eran (en especial cuando en ese momento no seguías ninguna serie). Estas eran las peligrosas, porque no había casi nadie que tuviera repetidos y te quedabas con el álbum a medias. Costaba el sobre cinco pesetas (tres céntimos de euro) pero aún recuerdo los de dos pesetas y media (un céntimos y medio) y solían venir cinco cromos, alguno especial.

Las series que no me gustaban eran las de fútbol. ¿Qué gracia tenía ver la foto de un tío que no conocías y que pertenecía a un equipo secundario? Ya sé que son las colecciones de fútbol las únicas que sobreviven año tras año y que son las que más aficionados a los cromos mueven, pero a mí no me gusta el fútbol. ¿Qué se le va hacer? Sólo hice un poco del álbum de la liga de 1982 y tenía casi completa la del año siguiente, pero sin comprar sobres. ¿Cómo era esto? Pues lo que pasaba es que se apostaba con los cromos. Si tu cromo tenía un número más alto, ganabas al otro. Un día me dio un compañero un taquito de cromos de fútbol que le sobraban y empecé a jugar. Al principio le di una oportunidad a la suerte, pero luego me aprendí el mazo de cromos (en aquella época no había Magic the Gathering y no hubiéramos empleado el término mazo ni de coña) y le sacaba los cromos a los pardillos que jugaban conmigo. ¡Qué maligno! Casi termino la colección. No le veía la gracia, pero me gustaba lo de los cromos y los pegaba en el álbum (lo único que compré). Como no me hacía gracia, lo dejé al año siguiente.

Otras colecciones interesantes de la época se encontraban en los yogures y en los pastelitos. Los yogures de Danone traían cromos estupendos de las series de dibujos de la tele. Cuando comprabas cuatro yogures, te daban un sobre. Entonces comprábamos los yogures en las lecherías (que eran como panaderías pero con leche fresca y huevos que se compraban a granel) y en las tiendas de ultramarinos (algo así como los supermercados pequeñitos que tenemos en los bajos de los bloques de viviendas o como las tiendas de alimentación de los orientales). No había grandes superficies, por lo que ir a comprar con los padres o con los abuelos era una romería de tienda en tienda. Pero molaba más que ahora. Los pastelitos eran una fuente inagotable de sorpresas maravillosas. Los tronquitos de Panrico tenían cromos troquelados que se podían poner de pie porque en la parte baja tenían unas solapas. La serie que marcó época era la de Mazinger Z, sobretodo porque no se había quedado en los veintipocos capítulos que habían echado en la tele, sino que llegaba a poner las versiones de Mazinger posteriores. Era una chulada. Otro pastelito imprescindible era el Tarzan. En un paquetito te daban dos mini pastelitos, un pelín insípidos, pero traían un animalito de plástico. Los que tenían regalos más chulos, pero que había que coleccionar los envoltorios eran los Phosquitos. Muchas veces pasabas de ellos porque eran un incordio. También traían cromos otros pastelitos. Me acuerdo de unos que eran unas diapositivas de cosas culturales (animalitos, máquinas, etc.) y de otros que traían unos cromos alargados con Records mundiales que se coleccionaban en una caja. Aúnque no solían traer cromo (de hecho no recuerdo ninguna serie) los que más me gustaban eran los de la Pantera Rosa. No sé de qué están hechos, pero saben muy bien y aún caen por casa.

[via Bocadillos de pensamiento]

Os voy a dar un truco sobre cómo coleccionar cromos que a mí me da buen resultado. Pierde el interés de coleccionar con tiempo, comprar muchos sobres y cambiar con todo el mundo. Yo hace décadas que no colecciono cromos, pero espero que mi hijo, cuando tenga edad para ello, se anime y me iré con él a cambiar.


Bien, el truco es el siguiente.

  1. Primero descubrís la serie y os enteráis de si tiene éxito o no. Si creéis que la gente va a coleccionarla, no dudéis en cogerla. Si os gusta, aunque no penséis que va a ser seguida, cogedla y arriesgaros. Compráis el álbum y unos sobres. Miráis la cantidad de cromos con el que cuenta la serie y contáis los cromos que vienen por sobre.
    Voy a poneros un ejemplo de cómo lo haría.
  2. Supongamos que tenemos una colección de Harry Potter (que seguro va a tener éxito) de cien cromos y compramos el álbum y cinco sobres.
  3. Abrimos los sobres y vemos que vienen cinco cromos por sobre. Necesitamos comprar veinte sobres para tener cien cromos. Vamos al kiosco y compramos los quince sobres que nos faltan.
  4. Abrimos los sobres y los dejamos en dos montones: nuevos y repetidos (siles y noles). Si no se han pasado, tendremos unos cincuenta o sesenta no repetidos (entre un 50% y un 60%). Si son más puñeteros en la editorial, tendremos menos del 40%. Con los cromos repetidos, cambiaremos con la gente que tengamos más cercana. Algo saldrá, pero suele ocurrir que han comprado los cromos en el mismo sitio y les faltan los mismos. Aquí en España no tenemos costumbre de clasificar los cromos como Raros, infrecuentes y comunes, así que nadie considera que haya demasiados cromos raros (haberlos, hailos, y se hacían míticos). Como mucho habrá cromos de materiales raros (metalizados, principalmente) y que se cambiarán a dos por uno o cinco por uno o más.
  5. Una vez tengamos todo cambiado con nuestros amigos más cercanos, esperaremos al domingo y decidiremos dónde ir. Según la ciudad en la que vivamos, habrá una opción u otra. En Madrid hay dos opciones de éxito. Una es ir al rastro, que no está mal, pero suele haber más gente que pretende hacer negocio y mola menos. La otra es ir a la plaza de Quintana, por Pueblo Nuevo y te vas con tu taquito de cromos. Si eres un niño, te sabrás de memoria los que tienes. Si eres más mayor, no te quedará más remedio que tirar de lista. Allí cambias sin piedad hasta que consigas casi todos los que te falten. Se pagaban a cinco pesetas los cromos que no podías cambiar (si encontrabas tres y sólo podías cambiar dos porque el otro sólo necesitaba dos, entonces le dabas los cromos y el duro). Ahora creo que lo hacen por cinco céntimos. Por esa razón, deberás llevar mucha calderilla. Yo tenía un monedero sólo para eso. En un día bueno, es probable que te hagas con casi todos y que te queden por conseguir menos de una docena. Entonces, cuando te hayas cansado de no encontrar más, te vas a los puestos de los que venden cromos y los buscas. Si la serie es de éxito, ya la habrás terminado. Con este método yo he llegado a completar colecciones en tres días (comprar el álbum y los cromos el viernes, cambiar con mis amigos entre el mismo viernes y el sábado y completarla el domingo).
  6. He comentado este método con mucha gente que compra cromos y para casi todos es una aberración. Unos porque consideran que hay que comprar más cromos, por lo menos una caja (unos cincuenta para una serie de ciento cincuenta cromos), pero no lo veo necesario. Otros, más entrañables, consideran que la gracia está en hacer la colección con tiempo. Cuando era niño, esta opción era mejor que la que os propongo, porque había que jugar con los cromos (y hacer vida social), pero no le veo problema a que no salga cara y a completarla pronto.

    Capítulo aparte se merecen las colecciones de cromos americanas que llegaban a las tiendas especializadas. Lo primero que vimos eran los sobres. ¡Carísimos! Desde un euro hasta tres cada uno (¡qué careros que eran, cuando apenas costaban un dólar!). Los más chulos, unos que según los mirases, cambiaban dando la sensación de movimiento. Creo que los llamaban lenticulares y eran de Star Wars, cuando celebraron el quince aniversario de la primera película. Luego llegaron las colecciones completas, que eran taquitos de cromos completos. Yo compré algunas, pero eran caras (no demasiado) y de las que más grato recuerdo guardo fueron las de Bone (las dos primeras) y la de Milestone, una partición de la editorial DC con superhéroes latinos y de raza negra. Como seguía las series de cómic, que me gustaban mucho, me hizo gracia tener la serie completa de cromos.

    Lo que veo ahora es que los cromos han desaparecido y han sido sustituidos por chorradas diversas, como imanes, tazos y pegatinillas de todo tipo. Y es que los llamados Stickers no le llegan a la suela de la alpargata a los Kalkitos. Además, la moda de cromos autoadhesivos la trajo Panini (y los sobres de cromos subieron a diez pesetas, con una colección de Mamíferos que era preciosa, pero mosqueaba el cambio de precio). La gracia de ponerte los dedos tibios de pegamento era una puñeta, pero si te equivocabas, los arrancabas y los volvías a colocar. Los autoadhesivos, según los pones, así se quedan y suele escaparse la mano en alguna ocasión. Los únicos cromos que se mantienen intactos (aunque cada vez se parecen más a las Cards americanas) son los de fútbol. Y siguen sin gustarme.

    En fin, esto de coleccionar cromos es todo un mundillo. Hace años que no lo hago, pero era una gozada y supongo que en unos años me veré con mi chaval en la plaza de Quintana otra vez con cromos que cambiar en la mano.
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