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July 02, 2008

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Coleccionando Cromos

Tenía que hacer una entrada sobre una de mis mayores aficiones de la infancia: coleccionar cromos. Cuando estábamos en el recreo, en el patio del colegio, había días en los que llegaba un par de personas o tres y nos regalaban álbumes y sobres de cromos.

Todos íbamos como locos y salíamos de allí más contentos que chupillas. Con eso ya nos metían el veneno de la colección. Si la serie de cromos nos gustaba (y nos gustaba casi siempre) empezábamos la colección.

Muchas veces no venía nadie, pero nos gustaban los cromos que traían otros niños de series que ni conocíamos ni sabíamos que existían. Y otras, por puro vicio, las descubrías en el kiosco y picabas para ver cómo eran (en especial cuando en ese momento no seguías ninguna serie). Estas eran las peligrosas, porque no había casi nadie que tuviera repetidos y te quedabas con el álbum a medias. Costaba el sobre cinco pesetas (tres céntimos de euro) pero aún recuerdo los de dos pesetas y media (un céntimos y medio) y solían venir cinco cromos, alguno especial.

Las series que no me gustaban eran las de fútbol. ¿Qué gracia tenía ver la foto de un tío que no conocías y que pertenecía a un equipo secundario? Ya sé que son las colecciones de fútbol las únicas que sobreviven año tras año y que son las que más aficionados a los cromos mueven, pero a mí no me gusta el fútbol. ¿Qué se le va hacer? Sólo hice un poco del álbum de la liga de 1982 y tenía casi completa la del año siguiente, pero sin comprar sobres. ¿Cómo era esto? Pues lo que pasaba es que se apostaba con los cromos. Si tu cromo tenía un número más alto, ganabas al otro. Un día me dio un compañero un taquito de cromos de fútbol que le sobraban y empecé a jugar. Al principio le di una oportunidad a la suerte, pero luego me aprendí el mazo de cromos (en aquella época no había Magic the Gathering y no hubiéramos empleado el término mazo ni de coña) y le sacaba los cromos a los pardillos que jugaban conmigo. ¡Qué maligno! Casi termino la colección. No le veía la gracia, pero me gustaba lo de los cromos y los pegaba en el álbum (lo único que compré). Como no me hacía gracia, lo dejé al año siguiente.

Otras colecciones interesantes de la época se encontraban en los yogures y en los pastelitos. Los yogures de Danone traían cromos estupendos de las series de dibujos de la tele. Cuando comprabas cuatro yogures, te daban un sobre. Entonces comprábamos los yogures en las lecherías (que eran como panaderías pero con leche fresca y huevos que se compraban a granel) y en las tiendas de ultramarinos (algo así como los supermercados pequeñitos que tenemos en los bajos de los bloques de viviendas o como las tiendas de alimentación de los orientales). No había grandes superficies, por lo que ir a comprar con los padres o con los abuelos era una romería de tienda en tienda. Pero molaba más que ahora. Los pastelitos eran una fuente inagotable de sorpresas maravillosas. Los tronquitos de Panrico tenían cromos troquelados que se podían poner de pie porque en la parte baja tenían unas solapas. La serie que marcó época era la de Mazinger Z, sobretodo porque no se había quedado en los veintipocos capítulos que habían echado en la tele, sino que llegaba a poner las versiones de Mazinger posteriores. Era una chulada. Otro pastelito imprescindible era el Tarzan. En un paquetito te daban dos mini pastelitos, un pelín insípidos, pero traían un animalito de plástico. Los que tenían regalos más chulos, pero que había que coleccionar los envoltorios eran los Phosquitos. Muchas veces pasabas de ellos porque eran un incordio. También traían cromos otros pastelitos. Me acuerdo de unos que eran unas diapositivas de cosas culturales (animalitos, máquinas, etc.) y de otros que traían unos cromos alargados con Records mundiales que se coleccionaban en una caja. Aúnque no solían traer cromo (de hecho no recuerdo ninguna serie) los que más me gustaban eran los de la Pantera Rosa. No sé de qué están hechos, pero saben muy bien y aún caen por casa.

[via Bocadillos de pensamiento]

Os voy a dar un truco sobre cómo coleccionar cromos que a mí me da buen resultado. Pierde el interés de coleccionar con tiempo, comprar muchos sobres y cambiar con todo el mundo. Yo hace décadas que no colecciono cromos, pero espero que mi hijo, cuando tenga edad para ello, se anime y me iré con él a cambiar.


Bien, el truco es el siguiente.

  1. Primero descubrís la serie y os enteráis de si tiene éxito o no. Si creéis que la gente va a coleccionarla, no dudéis en cogerla. Si os gusta, aunque no penséis que va a ser seguida, cogedla y arriesgaros. Compráis el álbum y unos sobres. Miráis la cantidad de cromos con el que cuenta la serie y contáis los cromos que vienen por sobre.
    Voy a poneros un ejemplo de cómo lo haría.
  2. Supongamos que tenemos una colección de Harry Potter (que seguro va a tener éxito) de cien cromos y compramos el álbum y cinco sobres.
  3. Abrimos los sobres y vemos que vienen cinco cromos por sobre. Necesitamos comprar veinte sobres para tener cien cromos. Vamos al kiosco y compramos los quince sobres que nos faltan.
  4. Abrimos los sobres y los dejamos en dos montones: nuevos y repetidos (siles y noles). Si no se han pasado, tendremos unos cincuenta o sesenta no repetidos (entre un 50% y un 60%). Si son más puñeteros en la editorial, tendremos menos del 40%. Con los cromos repetidos, cambiaremos con la gente que tengamos más cercana. Algo saldrá, pero suele ocurrir que han comprado los cromos en el mismo sitio y les faltan los mismos. Aquí en España no tenemos costumbre de clasificar los cromos como Raros, infrecuentes y comunes, así que nadie considera que haya demasiados cromos raros (haberlos, hailos, y se hacían míticos). Como mucho habrá cromos de materiales raros (metalizados, principalmente) y que se cambiarán a dos por uno o cinco por uno o más.
  5. Una vez tengamos todo cambiado con nuestros amigos más cercanos, esperaremos al domingo y decidiremos dónde ir. Según la ciudad en la que vivamos, habrá una opción u otra. En Madrid hay dos opciones de éxito. Una es ir al rastro, que no está mal, pero suele haber más gente que pretende hacer negocio y mola menos. La otra es ir a la plaza de Quintana, por Pueblo Nuevo y te vas con tu taquito de cromos. Si eres un niño, te sabrás de memoria los que tienes. Si eres más mayor, no te quedará más remedio que tirar de lista. Allí cambias sin piedad hasta que consigas casi todos los que te falten. Se pagaban a cinco pesetas los cromos que no podías cambiar (si encontrabas tres y sólo podías cambiar dos porque el otro sólo necesitaba dos, entonces le dabas los cromos y el duro). Ahora creo que lo hacen por cinco céntimos. Por esa razón, deberás llevar mucha calderilla. Yo tenía un monedero sólo para eso. En un día bueno, es probable que te hagas con casi todos y que te queden por conseguir menos de una docena. Entonces, cuando te hayas cansado de no encontrar más, te vas a los puestos de los que venden cromos y los buscas. Si la serie es de éxito, ya la habrás terminado. Con este método yo he llegado a completar colecciones en tres días (comprar el álbum y los cromos el viernes, cambiar con mis amigos entre el mismo viernes y el sábado y completarla el domingo).
  6. He comentado este método con mucha gente que compra cromos y para casi todos es una aberración. Unos porque consideran que hay que comprar más cromos, por lo menos una caja (unos cincuenta para una serie de ciento cincuenta cromos), pero no lo veo necesario. Otros, más entrañables, consideran que la gracia está en hacer la colección con tiempo. Cuando era niño, esta opción era mejor que la que os propongo, porque había que jugar con los cromos (y hacer vida social), pero no le veo problema a que no salga cara y a completarla pronto.

    Capítulo aparte se merecen las colecciones de cromos americanas que llegaban a las tiendas especializadas. Lo primero que vimos eran los sobres. ¡Carísimos! Desde un euro hasta tres cada uno (¡qué careros que eran, cuando apenas costaban un dólar!). Los más chulos, unos que según los mirases, cambiaban dando la sensación de movimiento. Creo que los llamaban lenticulares y eran de Star Wars, cuando celebraron el quince aniversario de la primera película. Luego llegaron las colecciones completas, que eran taquitos de cromos completos. Yo compré algunas, pero eran caras (no demasiado) y de las que más grato recuerdo guardo fueron las de Bone (las dos primeras) y la de Milestone, una partición de la editorial DC con superhéroes latinos y de raza negra. Como seguía las series de cómic, que me gustaban mucho, me hizo gracia tener la serie completa de cromos.

    Lo que veo ahora es que los cromos han desaparecido y han sido sustituidos por chorradas diversas, como imanes, tazos y pegatinillas de todo tipo. Y es que los llamados Stickers no le llegan a la suela de la alpargata a los Kalkitos. Además, la moda de cromos autoadhesivos la trajo Panini (y los sobres de cromos subieron a diez pesetas, con una colección de Mamíferos que era preciosa, pero mosqueaba el cambio de precio). La gracia de ponerte los dedos tibios de pegamento era una puñeta, pero si te equivocabas, los arrancabas y los volvías a colocar. Los autoadhesivos, según los pones, así se quedan y suele escaparse la mano en alguna ocasión. Los únicos cromos que se mantienen intactos (aunque cada vez se parecen más a las Cards americanas) son los de fútbol. Y siguen sin gustarme.

    En fin, esto de coleccionar cromos es todo un mundillo. Hace años que no lo hago, pero era una gozada y supongo que en unos años me veré con mi chaval en la plaza de Quintana otra vez con cromos que cambiar en la mano.

2 comments:

Morkai said...

Muy buen artículo si señor!!!
me encantan los cromos. Que tiempos aquellos en los que se plantaban en las puertas de los colegios regalando los albumes y varios sobres!!! ainsssssss!!!
Mis favoritas son Monstruos y Otros Mundos y de dibujos me gustaba mucho la de Dragones y Mazmorras y Taron y el caldero mágico.

Valentín VN said...

Gracias, Morkai por us palabras amables.
Creo que los cromos están reviviendo, pero al insospechado e impresentable precio de medio euro por sobre.
Así no hay quién coleccione nada.

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