La noble paja se vanagloriaba de su dorado porte:
—¿Cuántos animales y cuántas personas han encontrado reposo en un lecho de paja? ¿Cuántos sueños se habrán forjado sobre ella? Abrigamos a nuestros huéspedes y les mantenemos secos. Y no solo eso: algunos establos y cuadras cuentan con paredes de adobe que aíslan del frío y del calor, de las inclemencias y del ruido. El agricultor se cubre la cabeza con sombreros de paja y lleva sus productos al mercado en cestas y esteras hechas del mismo material. Y si los rumiantes pasan hambre en época de escasez, la paja siempre está ahí para saciar su estómago.
En esto que el agricultor oyó a la paja en su panegírico y le respondió:
—Noble es la paja, pero más noble es el humilde grano. Poco ocupa y nada es si la comparamos con la majestad de la paja; mas es la base de nuestra comida. Está en el pan de cada día, en el pienso del ganado y es el paso previo hacia la siguiente cosecha. O ¿acaso se planta la paja para obtener nuevas cosechas? El grano es simiente de futuro, vida y garantía de que el ciclo vuelva a repetirse.
Por eso, noble paja, cualquier agricultor se afana siempre en separar el grano de la paja.









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