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May 02, 2026

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El zorrito y el manzano de la discordia


En el centro del claro más fértil del bosque se alzaba el Gran Manzano. Sus ramas crujían bajo el peso de frutos rojos y brillantes, suficientes para alimentar a cada criatura. Sin embargo, el suelo siempre estaba vacío para los más nuevos.

Un grupo de Lobos de Mediana Edad, de mirada severa y colmillos listos, custodiaba el perímetro. Solo permitían que los jóvenes, como los Cachorros de Zorro y los Pequeños Ciervos, recogieran las manzanas caídas y demasiado maduras.

Un Zorro Joven de pelaje encendido, no pudo soportar más el hambre de sus hermanos.

—Esto no es por naturaleza, es por egoísmo —le dijo a su amiga, una Cierva Joven. —Voy a buscar al Gran Bisonte. Él ha visto pasar cien inviernos y es el juez del bosque. Él nos salvará.

El Joven Zorro viajó hasta el Roble Hueco, donde el Viejo Bisonte, con su pelaje canoso y ojos nublados por las décadas, descansaba.

—¡Oh, Sabio Maestro! —exclamó el Zorrito—. Los Lobos dominantes nos arrebatan la vida. Nos dejan las sobras mientras ellos engordan. Usted es el único con autoridad para detener esta injusticia.

El Anciano Bisonte parpadeó lentamente, con una solemnidad que inspiraba una confianza absoluta.

—He escuchado tus lamentos, Pequeño Zorro. Mi corazón se quiebra por los jóvenes. No temas; pondré fin a la tiranía de esos Lobos. La justicia llegará antes de la próxima cosecha.

Días después, el bosque entero fue testigo de un evento histórico. El Viejo Bisonte convocó una asamblea y, con una voz que tronaba como el trueno, reprendió a los Lobos líderes.

—¡Fuera de aquí! Habéis deshonrado el equilibrio. Seréis desterrados de la custodia del árbol.

En su lugar, nombró a un grupo de Jabalíes de Mediana Edad.

—Ellos serán los nuevos guardianes —anunció el Búho—. Bajo mi supervisión, asegurarán que el orden se mantenga.

Los jóvenes estallaron en vítores. "¡El Zorrito es nuestro héroe!", gritaban. Se sentían empoderados, creyendo que la veteranía del Bisonte era el escudo que necesitaban contra la ambición de los fuertes.

Llegó la temporada de recolección. Los jóvenes acudieron al pie del Manzano, esperando ver cestos llenos. Pero al llegar, los Jabalíes les entregaron la misma cantidad miserable de siempre: una manzana pequeña y arrugada por cabeza.

—¿Cómo es posible? —preguntó el Joven Zorro a un Jabalí—. ¡El Bisonte dijo que todo cambiaría!

—El orden requiere sacrificio, muchacho —gruñó el Jabalí—. Circula, que hay mucho que organizar.

Confundido y sintiendo el peso de la traición en el aire, el Zorrito decidió regresar al Roble Hueco sin avisar. Al acercarse, no escuchó el silencio de la meditación, sino el ruido de masticación y risas sofocadas. Se ocultó tras un matorral y lo que vio le heló la sangre.

Allí estaba el Anciano Bisonte, devorando con ansia las manzanas más dulces y jugosas. A su lado, los nuevos Jabalíes reían mientras le servían. Pero lo más impactante fue ver, entre las sombras, a los antiguos Lobos que supuestamente habían sido castigados, compartiendo el festín en secreto.

El Joven Zorro salió de su escondite, temblando de rabia.

—¡Usted nos mintió! —gritó el Zorro—. ¡Dijo que nos protegería! Solo cambió a los peones para que el juego siguiera igual.

El Viejo Bisonte ni siquiera dejó de masticar. Se limpió el zumo de las plumas con una garra lenta.

—Escucha bien, pequeño —dijo el Bisonte con una voz que ya no era solemne, sino fría y pragmática—. Los años no dan sabiduría, dan hambre. Los Lobos me daban mi parte, pero se volvieron descuidados y generaron protestas. Tuve que "castigarlos" para calmaros a vosotros. Los Jabalíes son nuevos, pero saben que, si quieren el poder, deben alimentarme a mí primero.

—¡Pero nosotros nos morimos de hambre! —replicó el Zorro.

—Los jóvenes sois el combustible de este bosque, pero nosotros somos los que lo habitamos —sentenció el Bisonte—. Comprendí entonces, al ver a los viejos pactar con los fuertes, que no hay peor ciego que el joven que confía en la supuesta justicia de quien ya tiene el estómago lleno; pues aquel que tiene el poder de protegerte suele usarlo solo para proteger sus privilegios, demostrando que la veteranía no es garantía de bondad, sino, a menudo, una maestría más refinada en el arte del propio interés.

El Joven Zorro regresó al claro, pero ya no era el mismo. Había aprendido la lección más amarga: que a veces, el que promete derribar el muro es quien más disfruta del jardín que este oculta.

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