Looking for something? In Tonnerre de Brest there are plenty of things!

All About Valentín VN

Translate TdB

Read Tonnerre de Brest in your language

English French German Spain Italian Dutch Russian Portuguese Japanese Korean Arabic Chinese Simplified  TdB RSS - Feedburner

May 28, 2024

0

La otra fábula de la cigarra y la hormiga

En el corazón de un bosque rebosante de vida, donde las hormigas se afanaban como obreras incansables acopio de provisiones para el invierno, vivía Camila, una cigarra de espíritu libre y talento artístico sin parangón. Mientras las hormigas se dedicaban a su labor monótona, Camila amenizaba sus días con melodías que hipnotizaban a las hojas, juegos de magia que desafiaban las leyes de la física y números circenses que arrancaban carcajadas hasta a las ramas más gruesas. Era un oasis de alegría en medio del hormiguero, un soplo de aire fresco que oxigenaba sus pequeñas almas trabajadoras.

Año tras año, la misma historia. Primavera y verano eran sinónimo de colaboración y risas. Las hormigas, incansables obreras de la naturaleza, acumulaban provisiones con rigurosa pulcritud, mientras Camila les regalaba el arte, ese néctar intangible que endulzaba sus vidas. El invierno, en cambio, era un campo de batalla contra el frío y el hambre. Las hormigas se refugiaban en su hormiguero cual ermitaños avaros, mientras Camila luchaba por sobrevivir en las ramas heladas, entonando canciones a la luna y contando historias a las estrellas.

A pesar de las penurias invernales, Camila nunca perdió su sonrisa ni su capacidad para crear belleza. En su corazón, albergaba la esperanza de que, una vez más, la primavera devolvería el color y la alegría al bosque. Y así era. Con la llegada del sol radiante, las hormigas salían de su letargo invernal, listas para retomar su rutina, y Camila las recibía con una nueva melodía, un nuevo truco de magia, una nueva historia que contar.

Sin embargo, el tiempo no perdona. Los años fueron acumulándose sobre los hombros de Camila, y su energía ya no era la misma. Un día, con el invierno asomándose en el horizonte, reunió a las hormigas y les pidió, con la voz temblorosa por la edad y la esperanza, un refugio en su hormiguero.

Las hormigas, que siempre habían admirado el talento de Camila, pero que nunca lo habían considerado un trabajo digno, denegaron su petición. La comida que habían acumulado con tanto esfuerzo era para las trabajadoras, no para las "holgazanas" que solo sabían cantar y hacer piruetas. Camila, con el corazón roto y la frente en alto, se enfrentó al invierno sola, sin más protección que su arte y su espíritu indomable.

La primavera siguiente llegó, pero ya no volvieron a ver a Camila. Las hormigas extrañaban las melodías de la cigarra, su magia y sus historias. Se sentían vacías, sin la alegría que ella había traído a sus vidas. En un intento por llenar el vacío, recopilaron todas las grabaciones que habían hecho de sus actuaciones y las convirtieron en un disco, películas y programas de televisión. Camila, la artista incomprendida en vida, se convirtió en una figura de culto, admirada por su talento y su espíritu generoso.

Inspirada por el legado de Camila, una joven cigarra llamada Lucía se presentó ante las hormigas. Conmovida por la historia de su antecesora, decidió ocupar su lugar, ofreciendo su arte como homenaje a su admirada Camila. Las hormigas, encantadas con la idea de tener un nuevo entretenimiento gratuito, la acogieron con los brazos abiertos.

Sin embargo, cuando el invierno llegó una vez más, la historia se repitió como una cruel parodia. Las hormigas le negaron a Lucía refugio alguno, de la misma manera que se lo negaron a Camila, argumentando que la comida era solo para las que habían trabajado para acumularla. Lucía, desilusionada y con un nudo en la garganta, comprendió que la lección no había sido aprendida. El arte, la alegría y la colaboración no tenían valor para estas hormigas materialistas, ciegas a todo lo que no se pudiera medir o contabilizar.

Con la esperanza de que algún día las cosas cambiaran, Lucía abandonó el bosque en busca de un lugar donde su arte fuera apreciado y su espíritu libre valorado. Y así, el bosque se quedó en silencio, sin música, sin magia y sin risas, un monumento a la incomprensión y la avaricia. Un recordatorio de que, a veces, el mayor tesoro se encuentra en lo intangible, en aquello que no se puede comprar ni almacenar, en la belleza que nace del corazón y alegra cada instante de nuestras vidas.

Keep Reading

May 23, 2024

0

La perdiz y la gallina

En la soleada granja, vivía un niño llamado Miguel, hijo de un granjero llamado Antonio. Un día, mientras exploraba los campos, Miguel descubrió un nido de perdiz escondido entre las hierbas. Con gran curiosidad, se acercó para observarlo y, sin pensarlo dos veces, cogió uno de los huevos.

Al regresar a casa, Miguel mostró su hallazgo a su padre, quien inmediatamente se enfadó. "Hijo mío", le dijo Antonio, "has cometido un grave error. Al tocar el huevo, has dejado tu olor humano en él. La madre perdiz ya no lo incubará, y el polluelo no nacerá."

Miguel, entristecido por sus acciones, decidió enmendar su error. Con cuidado, colocó el huevo en el gallinero, entre la paja y las gallinas. Su esperanza era que alguna de ellas, con su instinto maternal, sintiera compasión por el huevo abandonado y lo incubara.

Y así fue. Una gallina clueca, llamada Blanca, se fijó en el huevo solitario y, con un gesto de bondad, lo acogió bajo sus cálidas plumas. Días después, para la alegría de Miguel, el huevo eclosionó y nació un pequeño polluelo de perdiz, al que llamaron Perdigón.

Blanca, con su corazón maternal, cuidó de Perdigón como si fuera su propio hijo. Le enseñó a picotear el grano, a refugiarse del frío bajo sus alas y a reconocer los peligros del gallinero. Perdigón creció sano y fuerte, aprendiendo de su madre adoptiva todo lo que necesitaba saber para sobrevivir.

Con el paso del tiempo, Perdigón se convirtió en una hermosa perdiz. Sus alas eran fuertes y sus plumas brillaban con colores dorados. Sin embargo, a medida que crecía, una pregunta comenzaba a rondar su mente: "¿Cómo puedo volar si mi madre gallina no lo hace?"

Un día, Perdigón se acercó a Blanca y, con timidez, le preguntó: "Madre, ¿me enseñarás a volar? Mis alas anhelan surcar el cielo, pero no sé cómo hacerlo."

Blanca, conmovida por la petición de su hijo adoptivo, sintió una mezcla de orgullo y tristeza. Ella no era una perdiz, y no sabía cómo enseñarle a volar. Sin embargo, no quería desilusionarlo. "Hijo mío", le dijo con voz suave, "dame un día para prepararme. Mañana te enseñaré todo lo que sé."

Durante ese día, Blanca observó con atención a las demás aves voladoras. Vio cómo extendían sus alas, cómo planeaban en el aire y cómo ascendían hacia las nubes. Con gran esfuerzo, Blanca asimiló los movimientos y las técnicas que observaba, y se preparó para transmitirlas a su hijo Perdigón.

Al día siguiente, Blanca y Perdigón se reunieron en un claro del campo. Con paciencia y dedicación, Blanca le enseñó a Perdigón a batir sus alas, a controlar el viento y a elevarse del suelo. Perdigón aprendía con entusiasmo, poniendo todo su empeño en dominar el arte del vuelo.

Tras días de entrenamiento concienzudo, Perdigón finalmente logró su objetivo. Con un poderoso impulso, se elevó del suelo y voló por primera vez. La alegría lo inundó, y por un momento, olvidó todo lo demás. Al regresar a tierra, se posó junto a Blanca y le dijo con emoción: "¡Madre, he volado! ¡He logrado volar!"

Blanca, con lágrimas en los ojos, lo miró con orgullo. "Hijo mío", le dijo, "tu éxito es mi mayor alegría. Aunque vengas de un huevo que yo no he puesto, te he dado todo mi amor y mi apoyo como sólo una madre sabe hacer con su hijo. Y lo más importante, te he enseñado a volar, no solo con tus alas, sino también con tu corazón."

En ese instante, Perdigón comprendió la profunda verdad que escondían las palabras de Blanca. A pesar de no ser una madre de su especie, Blanca le había dado la vida, el amor y la educación que necesitaba para convertirse en un adulto independiente. Y aunque no podía acompañarlo en sus vuelos por el cielo, siempre estaría presente en su corazón, guiándolo con su sabiduría y su cariño.

Con un abrazo lleno de gratitud, Perdigón y Blanca sellaron su vínculo único, un vínculo que trascendía las barreras de la especie y se basaba en el amor, la comprensión y la aceptación. A partir de ese día, Perdigón emprendió su propio camino, volando por los cielos con la libertad de un ave y llevando en su corazón el recuerdo y el amor de su madre gallina, la gallina que le enseñó a volar.

Keep Reading

April 21, 2024

0

El renacuajo y el pez de colores

En un estanque de cristalinas aguas, habitaban dos grupos bien distintos: los renacuajos, con sus colitas de renacuajo y sus branquias, y los peces de colores, con sus escamas brillantes y sus aletas que los impulsaban por el agua. 

Entre los renacuajos se encontraba Remo, un pequeño renacuajo con ojos grandes y curiosos. Remo observaba con fascinación a los peces de colores, que nadaban con tanta elegancia y soltura. Los peces, por su parte, se creían los reyes del estanque. Se burlaban de los renacuajos, los llamaban feos y torpes, y se reían de sus torpes intentos de nadar.

Un pez de colores llamado Coral, era el líder de la pandilla. Era el pez más grande y vistoso del estanque, y se jactaba de ser el más inteligente y fuerte. Coral disfrutaba especialmente atormentando a Remo, el renacuajo más pequeño y tímido.

Los días transcurrían sin cambios. Los peces de colores se divertían molestando a los renacuajos, mientras que estos últimos solo podían soñar con un día ser tan hermosos y poderosos como sus acosadores. 

Sin embargo, el tiempo trae consigo cambios inesperados. El sol apretaba cada vez más, y el agua del estanque comenzó a escasear. Los peces, que nunca habían enfrentado tal situación, se desesperaban. Sus branquias se resecaban, y sus cuerpos se debilitaban.

Remo, por su parte, notó los cambios pero no se preocupó. Había escuchado a sus padres hablar de la metamorfosis, la transformación que convertiría a los renacuajos en ranas. Remo sabía que ese momento estaba cerca.

Un día, mientras Coral intentaba desesperadamente alcanzar las últimas gotas de agua, Remo sintió un cosquilleo en su cuerpo. Sus patas comenzaron a formarse, y su cola se reabsorbió. Remo ya no era un renacuajo, era una rana pequeña pero fuerte.

Al ver a Remo transformado, Coral sintió una punzada de envidia y miedo. Sabía que él no tenía la capacidad de cambiar, que estaba condenado a morir si el estanque se secaba por completo.

Remo, a pesar de todo lo que había sufrido, sintió compasión por Coral. Sin embargo, era consciente de que no podía hacer nada por él. Los renacuajos, ahora ranas, tenían que buscar un nuevo hogar, un estanque con agua fresca y abundante.

Con un último vistazo a Coral, quien se debatía entre la vida y la muerte, Remo y sus compañeros ranas partieron en busca de un nuevo hogar. Coral, por su parte, quedó solo en el estanque seco, víctima de su propia arrogancia y falta de previsión.

Esta fábula nos enseña que la belleza y la fuerza no son lo único importante en la vida. La humildad, la inteligencia y la capacidad de adaptación son cualidades que nos permiten superar los obstáculos y encontrar un lugar en el mundo, incluso cuando las circunstancias son adversas.

Keep Reading
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

This Week in Tonnerre de Brest - Recent Posts

Share this Blog

Share TONNERRE DE BREST.

Meet me

Meet me at Twitter and Facebook
Valentín VN's Twitter
    Follow Valentín VN on Twitter
    ¡Picotea conmigo!
    Mis grupos:
    Valentin VN's Google+