—Me das mucha lástima, pequeño —dijo el pez, mientras agitaba sus aletas para mantenerse estático frente a él—. Yo puedo recorrer el arrecife de punta a punta, sentir la fuerza de las corrientes y descubrir nuevos mundos cada mañana. Tú, en cambio, estás condenado a permanecer pegado a esta piedra. Eres como un ladrillo inerte: sin voz, sin movimiento y sin futuro.
El joven coral, lejos de sentirse herido, extendió sus tentáculos con una calma ancestral y respondió con una voz que parecía emerger de las profundidades del tiempo:
—Te equivocas, viajero del azul. No soy un ladrillo, ni estoy solo en mi quietud.
—¿Ah, no? —preguntó el pez con una mueca de incredulidad—. Yo solo veo rocas bajo mis escamas.
—Lo que tú llamas roca es la memoria viva de mi pueblo —explicó el coral con serenidad—. Este arrecife que hoy te protege de las tormentas y te oculta de los depredadores no es un accidente del azar. Es la acumulación de incontables generaciones de corales que vivieron, cumplieron su ciclo y, al morir, entregaron sus cuerpos como cimiento. Yo estoy aquí porque ellos se esforzaron antes; yo crezco sobre sus hombros para que los que vengan después estén más cerca de la luz.
El pez dejó de moverse, impactado por la solemnidad de aquellas palabras. El coral continuó:
—Debes entender que la barrera de coral es como las naciones y que las naciones no son banderas que ondean al viento, ni fronteras trazadas en el agua. Una verdadera comunidad es el legado que las generaciones pasadas han construido para las nuevas. Sin mi supuesta inmovilidad ni la de los míos, tú ni ningún otro pez del arrecife tendríais un hogar donde descansar. Al final, la verdadera grandeza no está en la libertad de nadar solo, sino en la solidez del suelo que construimos entre todos para que la vida continúe mucho después de que nos hayamos ido.
El pez bajó la mirada, comprendiendo al fin que su libertad era un regalo de aquellos que habían decidido echar raíces, y que cada pequeña vida era un eslabón imprescindible en una cadena eterna de amor y sacrificio.










